Desde 1965, cuando un pequeño grupo de pioneros fundó el Centro de Información de la Industria del Petróleo (CIIP), el país empezó a construir una institución dedicada a producir conocimiento, fortalecer la interlocución con el Estado y impulsar el valor estratégico de la energía para el progreso nacional.
En sus primeros años, el CIIP recopilaba datos y promovía cooperación entre las empresas, y pronto se transformó en una voz técnica consultada y escuchada, dando lugar a la Asociación Colombiana del Petróleo, y más tarde, a la actual Asociación Colombiana del Petróleo y Gas (ACP), reflejo de un sector que habla de energía, sostenibilidad e innovación.
La ACP ha sido hilo conductor de una industria que ha acompañado la transformación del país. Su misión ha sido servir al país a través del conocimiento, la técnica y el diálogo.
El conocimiento como cimiento
En los años sesenta, Colombia aún aprendía a ser un país productor de petróleo. La industria era pequeña, pero ya estratégica. “Teníamos una economía pequeña, con dificultades, orientada a la sustitución de importaciones, muy regulada, con ausencia de divisas. El sector de hidrocarburos colombiano en un periodo de transición en la operación de las concesiones iniciales; y un mundo que empezaba a mostrar fricciones entre producción y consumo”, recuerda Luis Ernesto Mejía, ex ministro de Minas y Energía.
En sus inicios, “era un think tank, que lideraba estudios alrededor de temas importantes sobre el sector y sus aportes en varias áreas, luego se constituyó más como un área de gestión y desarrollo de las licencias ambientales y de ahí fue transitando a lo que es hoy, un gremio que incluye gestión en áreas muy importantes como comunicacionales y de asuntos corporativos, sostenibilidad, de aspectos regulatorios y económicos”, destaca Rafael Herz, ex vicepresidente de la ACP.
Amylkar Acosta, ex ministro de Minas y Energía, complementa el panorama: “Colombia, para los años 60, todavía era un junior dentro del contexto global de esta industria, la producción solo alcanzaba los 70.000 barriles diarios aproximadamente. Pero desde entonces, después del café, el petróleo adquirió relevancia en nuestra balanza de comercio exterior”.
Para Tomás González, ex ministro de Minas y Energía, “todavía teníamos una producción dominada por empresas extranjeras, la producción era pequeña y la política, incipiente; no había una política petrolera bien formada y moderna, era otro país y otra industria”. Agrega que, por ello se vio la necesidad de una representación fuerte y organizada, contexto en el que surge la ACP “para representar al sector y ver cómo maximizar sus beneficios al país”.
Alejandro Martínez, expresidente de la ACP, recuerda: “llegué (al gremio) en el 94 y ya era una institución bastante arraigada. Tenía un boletín informativo y los presidentes de 14 compañías afiliadas, se reunían una vez al mes a discutir los problemas de la industria”. Agrega que al iniciar la producción de Caño Limón y más adelante con Cusiana y Cupiagua, se requirió transformar el centro de información en un gremio empresarial de primer nivel, dada importancia económica que adquirió la industria en el país.
A su vez, Alexandra Hernández, exvicepresidenta en el gremio, recuerda que con los retos que planteaban los nuevos descubrimientos, el gremio se transformó para “proponer política pública, de regulación, para el desarrollo de esa industria petrolera en proceso de fortalecimiento”.
Así, la historia de la ACP está construida sobre hitos técnicos, económicos, ambientales y sociales que, de acuerdo con voces expertas del sector, ha abordado con diálogo, propuestas y compromiso con el país. A continuación, algunas de ellas destacan el recorrido de la Asociación, sus contribuciones y legado que aún sigue construyendo.
La industria petrolera ha sido determinante para el desarrollo de Colombia
Alejandro Martínez, ex presidente de la ACP por alrededor de 20 años, menciona que, durante su tiempo en el gremio, el país enfrentaba dificultades para atraer inversión, los procesos de licenciamiento ambiental y permisos se demoraban mucho, y los bloqueos y problemas de orden público afectaban con frecuencia las operaciones. “Afortunadamente, la industria logró, a través de la ACP, que los tomadores de decisión conocieran lo que estaba en juego en materia de desarrollo económico y social del país y fueran receptivos”, expresa al destacar la colaboración entre industria y Gobierno, como clave para superar los obstáculos.
Entre los hitos, resalta que, con la producción de Caño Limón y luego Cusiana y Cupiagua, “Colombia pudo ser un exportador de petróleo, su balanza comercial se volvió positiva y la industria llegó a ser una cuarta parte de los ingresos del gobierno central y la mitad del valor de las exportaciones”, y que con estos últimos campos surgió la industria del gas natural y el plan de masificación de este energético. Además de la actividad exploratoria en el mar, el incremento de la producción de crudos pesados y la mezcla de los hidrocarburos con los biocombustibles.
“Esta industria ha dado un aporte enorme al país, en materia económica, generación de riqueza y disminución de la pobreza”, enfatiza e invita a seguir trabajando para conservar los aportes de los hidrocarburos incluso en el proceso de transición energética, que requiere fuentes seguras y confiables.
Pedagogía, regulación sensata y vocería en tiempos complejos
Al hablar de los principales retos que enfrentó durante su paso por la ACP, Francisco Lloreda, expresidente, recordó lo que denominó un tsunami de consultas populares que amenazó con destruir la industria, “llegaron a ser 56 en proceso”; además, la discusión sobre fracking en la que, considera, se plantearon falsos dilemas y se sembró miedo al país sobre dicha la, y la reforma tributaria de 2022, cuando el Gobierno pretendió, incluso, gravar las regalías que las empresas del sector transfieren al Estado.
Lloreda destaca que la ACP le ha prestado un gran servicio a la industria del petróleo y gas en Colombia a lo largo de toda la cadena y al país, asumiendo su vocería en momentos complejos, contribuyendo a hacer pedagogía en torno al sector, promoviendo una regulación razonable y que las leyes no vayan en contra de la industria que es tan importante para la estabilidad económica del país y los territorios.
El Expresidente de ACP agradece a quienes han trabajo en el gremio en diferentes roles durante sus primeros 60 años, y a las empresas que han confiado su representación a la ACP, “porque es gracias a ellos que el gremio existe, es escuchado y respetado”, e invita a seguir creyendo en el país, a no desistir en la defensa del sector y a continuar apoyándolo, pues “Colombia necesita de la industria del petróleo y gas durante muchísimas décadas y este gremio está llamado a velar por que eso ocurra”.
La ACP y la industria son transformación
“Encontré un sector que en más de 100 años de historia tiene la capacidad de identificar y desarrollar proyectos muy complejos en áreas con ausencia de institucionalidad, asumiendo grandes riesgos y trabajando con estándares de clase mundial que cada vez han ido mejorando más”, recuerda Frank Pearl, actual presidente de la ACP, de su llegada al gremio en 2022.
Para Pearl en esta industria hay una capacidad empresarial que podría aplicarse en otros sectores para lograr una economía mucho más moderna y diversificada. Destaca al sector como número uno en contribuciones económicas al país, y por su compromiso para contribuir al cierre de brechas sociales, sin sustituir al Estado, pero sí cumpliendo la función social del sector empresarial.
Considera al gremio como sinónimo de transformación, que implica compromiso con hacer las cosas de manera distinta hacia adelante y contribuir a que las cosas estén mejor.
Pearl agradece a quienes durante estos 60 años han forjado la ACP de hoy. “Siempre digo: no olvidemos que estamos parados sobre los hombros de otros. En una organización con un legado y trayectoria impecable. Porque hay que honrar el pasado para poder estar desde el presente pensando en transformar el futuro”.
Invita a quienes conforman la industria a “tener claro quiénes somos, qué hemos hecho y qué representamos, porque nuestro valor lo determinamos nosotros mismos a través de nuestras acciones, de lo que hemos contribuido a las regiones y de lo que vamos a contribuir al futuro”.
Grandes hitos de la industria de los hidrocarburos en Colombia
Luis Ernesto Mejía, ex ministro de Minas y Energía, resume la historia reciente de la industria petrolera colombiana en cinco grandes hitos. El primero, las reversiones de los campos iniciales a Ecopetrol. El segundo, en los 70 con la creación del contrato de Asociación, figura clave que dio lugar a tres grandes descubrimientos: Caño Limón, Cusiana y Cupiagua.
El tercero, con la decisión a principios de los 80 de cambiar el contrato de asociación por el contrato de producción escalonada, con nuevas obligaciones y cargas que lastimó la seguridad jurídica y desincentivó la labor exploratoria, por lo que en los 90 el país volvió al fantasma de la pérdida de la capacidad de autoabastecerse.
El cuarto, a finales de los 90 y principios de los 2000 —cuando el país vivía una época con grandes dificultades de seguridad, las actividades no eran viables y los problemas de infraestructura, enormes—, la escisión de Ecopetrol de la administración de los recursos y la creación de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, con una nueva política petrolera que permitió de nuevo una actividad intensa y lleva al país hacia 2013 a una producción de 1 millón de barriles día, y viabiliza otros nuevos descubrimientos, como Sirius.
Y el quinto, que “infortunadamente se vive actualmente, por posiciones ideológicas relacionadas con el cambio climático y la asignación equivocada de culpas a los combustibles fósiles, porque el problema no estriba en su producción sino en las emisiones de gases de efecto invernadero, que nos tiene ad-portas nuevamente de perder nuestra capacidad de autoabastecernos”.
Mejía resalta la labor la ACP en la construcción de la política pública, “porque ha entregado información objetivamente, que nos permitió debatir las propuestas de la nueva política con la mayor certeza posible de que era correcto lo que estábamos haciendo”.
La ACP ha sido hilo conductor de una industria que ha acompañado la transformación del país. Su misión ha sido servir al país a través del conocimiento, la técnica y el diálogo.
Pasado y futuro energético de Colombia
Amylkar Acosta, ex ministro de Minas y Energía, recuerda que la crisis energética de 1973 fue un punto de inflexión. “Hay un antes y un después de la guerra del Yom Kipur. El embargo árabe hacia los países occidentales provocó una escasez mundial y una espiral alcista sin precedentes: pasamos de dos dólares por barril a más de 12, 14, en un año. Desde entonces, los precios nunca volvieron a ser los mismos”.
Con foco en Colombia, narra cuando en 1975, Colombia pasó de exportar a importar petróleo. “Fue una coyuntura traumática que coincidió con el gran hallazgo en La Guajira de gas natural. El presidente de Ecopetrol de entonces, Francisco Villarreal, acuñó una frase histórica: ‘no tenemos naranjas, pero tenemos limones’, refiriéndose al gas”.
Entre otros aspectos, Acosta destaca la resiliencia de la industria y los aprendizajes que las coyunturas han dejado al país, por ejemplo, una mayor conciencia de la importancia de la diversificación económica para no depender de este sector sin darle la espalda a la actividad extractiva, que al fin y al cabo ha sido la principal fuente de generación de recursos del país para financiar su desarrollo.
Dice que la ACP “ha sido una interlocutora esencial del Gobierno, el Congreso y las regiones. Ha contribuido en desarrollos legales y normativos que han hecho de Colombia un país competitivo”.
Acosta propone ver el sector “con lentes bifocales: el aquí y el ahora, pero, también el mediano y largo plazo”. Advierte que los hidrocarburos “seguirán acompañando al país por un largo rato” y que Colombia debe aprovechar sus recursos “para financiar una transición energética responsable, basada en la ciencia, la realidad económica y el compromiso con el desarrollo social”.
Un gremio técnico y confiable al servicio del país
Rafael Herz, exvicepresidente de la ACP, asegura que recordar su tiempo en el gremio es evocar una etapa de desafíos y transformaciones. En el que se “asumió la tarea de construir una narrativa que mostrara a la industria como parte de las soluciones”, destacando su contribución a la protección ambiental, la biodiversidad y el desarrollo de las regiones. “Trabajamos para demostrar que el sector genera bienestar, con proyectos que cambian vidas”, expresa.
Considera que, con dicha visión, la ACP consolidó su papel como un gremio técnico capaz de generar confianza entre comunidades, gobiernos y empresas. “Ha logrado cohesionar a un sector diverso, unir a compañías grandes y pequeñas en torno a estándares comunes y una misma visión de responsabilidad”. A su juicio, ese liderazgo ha sido clave para posicionar al petróleo y al gas como pilares del desarrollo, y para demostrar que la transición energética justa debe construirse desde la realidad del país, no desde la ideología.
Destaca de la ACP su conocimiento, su capacidad técnica y, sobre todo, la mística de quienes lo integran. “Sigan trabajando con base en la ciencia, en la técnica y en la conciencia”, es su invitación al considerar que la industria de los hidrocarburos seguirá siendo un actor esencial para el desarrollo del país y para construir un futuro energético sostenible.
ACP obtuvo el Premio Nacional Ambiental
Alexandra Hernández, ex vicepresidenta de la ACP, quien estuvo 17 años en la Asociación, recuerda que ingresó al gremio “cuando se preveía que los campos Cusiana, Cupiagua y Chuchupa, Ballena, iban a empezar a declinar; en ese momento se reformuló la política petrolera, porque a finales de los noventa no se estaba llevando a cabo inversión; y los términos contractuales, fiscales, institucionales y los temas de orden público hacían de Colombia un país no atractivo”.
Agrega que esa gestión permitió de nuevo el florecimiento de la industria, y resalta el trabajo articulado con las entidades del Gobierno, por ejemplo, con el Ministerio de Ambiente, para lograr reducir los tiempos de licenciamiento. Así como que, la ACP obtuvo el Premio Nacional Ambiental por ser pionera y ejemplo en el impulso de estándares de producción limpia, manuales ambientales e instrumentos de gestión ambiental.
Hacia adelante, Hernández señala que en los temas exploratorios hay que volver a replantear la estrategia y ser creativos en la búsqueda de nuevos yacimientos. Donde “el fracking es una alternativa viable, factible y con un potencial enorme que cambiaría la historia no solo económica sino socioambiental del país”. Además, “es necesario reevaluar el marco fiscal de manera estructural; volver a contratos de estabilidad jurídica, porque parte del desarrollo que tuvo la industria fue porque la inversión privada creyó en Colombia. Y para volver a tener confianza, se necesita estabilidad jurídica y claridad en las reglas”.
Retos para una transición que requiere a los hidrocarburos
“Hay tres grandes retos que ha enfrentado el sector. Primero, la capacidad de mantener una inversión dinámica. A veces se piensa que la inversión siempre va a estar, siempre va a llegar, y eso no es cierto. Hay que trabajar para que los proyectos se puedan hacer y se puedan hacer bien”, plantea Tomás González, ex ministro de Minas y Energía.
Segundo reto, los temas de entorno, la interacción con las comunidades y la normatividad socioambiental que plantea más exigencias y, con ello, mayor presión sobre los proyectos. Y tercero, la fiscalidad, pues el sector “es de lejos el que más tributa”.
Reflexiona que el país necesita ser capaz de, si va a hacer una transición energética, también hacer una transición fiscal. “El país pareciera a veces ser desagradecido con todo lo que le han aportado el petróleo y el gas. Por ejemplo, la inversión pública y el equilibrio macroeconómico están firmemente anclados en el petróleo, y los hidrocarburos, en general. Necesitamos reconocerlo, entenderlo y mirarlo desapasionadamente para poder hacer una transición energética balanceada”, considera.
Explica que los hidrocarburos tienen dos papeles principales en este proceso: el del gas, combustible de la transición por su capacidad para bajar emisiones en el corto plazo; y el rol fiscal, dado que a transición cuesta y los recursos del subsuelo se pueden utilizar para financiarla. Además, “porque lo que está enterrado en el subsuelo no son barriles de petróleo y pies cúbicos de gas, son impuestos, regalías, inversión social y compras de bienes y servicios locales”, explica.
González valora el trabajo realizado por el gremio: “a todas las reuniones, de los diferentes temas que teníamos con la ACP, siempre llegaban con el Excel debajo del brazo y eso facilita todas las conversaciones, uno mira los números, los discute y se plantean acuerdos sobre qué tan grande es el problema, cuáles son los impactos, y así es más fácil entrar a la discusión de qué hacer”.



