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La Agenda 2030 y el rol del sector energético en el desarrollo sostenible

A cinco años del plazo para cumplirse la Agenda 2030, Colombia enfrenta el reto de avanzar en sostenibilidad sin sacrificar su competitividad ni su seguridad energética. En esta conversación con Brigitte Baptiste, rectora de la Universidad EAN, se abordan los logros, desafíos y oportunidades del país para construir un modelo sostenible de desarrollo.

ACP: A cinco años del cumplimiento de la Agenda 2030, ¿cómo evalúa el avance de Colombia en materia de sostenibilidad y cuáles considera que son los principales logros alcanzados hasta ahora?

Brigitte Baptiste: Colombia ha hecho un avance significativo en términos de descarbonización de la industria a un costo alto. Ha habido inversiones importantes en temas de mitigación y eficiencias en las inversiones que tienen que ver con energía, y ese es un primer paso muy importante. Hemos dejado de lado, un poco, los temas de adaptación, que son los relacionados con innovación y adopción de nuevas energías; pero la deuda sigue estando en las disminuciones de emisiones asociadas con el sector agrario y forestal, que como bien sabemos están asociadas con deforestación.

Entonces, si bien hay programas que han ido avanzando de manera importante, como Visión Amazonía, tenemos una tarea para que a final del 2030 realmente hayamos podido decir que estamos satisfechos.

ACP: ¿Cuál considera que es, hoy, el mayor desafío para que países como Colombia avancen en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (económicos, sociales y ambientales) sin comprometer su seguridad energética ni su competitividad?

BB: Los mayores desafíos para el cumplimiento de los ODS tienen que ver con la transición sinérgica entre todos los sectores, porque podemos tomar decisiones muy avanzadas en términos energéticos, pero se nos cuelgan los temas agroalimentarios o empeoramos indicadores en otros sectores. Y eso tiene que ver con la forma como los países planifican, a veces, de manera desarticulada entre asuntos económicos, sociales y ambientales.

Lo más crítico en el diseño de las transiciones es que haya una hoja de ruta bien estructurada y que esté respaldada por todos los organismos del Estado, por el sector privado e, incluso, por las comunidades, porque esa es la garantía de que estamos de acuerdo en tomar esas decisiones.

Es muy importante no hacer anuncios o tomar decisiones simplemente basadas en lo llamativo que puedan ser, o decisiones que no tienen respaldo pleno de la materialidad para que nos lleven a buen término. Entonces, el objetivo es exactamente no comprometer la seguridad energética, ni la competitividad, con el discurso de la sostenibilidad, porque así amenazamos la continuidad de muchísimos procesos e, incluso, creamos conflictos adicionales hacia el futuro.

ACP: La Agenda 2030 y el Acuerdo de París comparten metas ambiciosas de reducción de emisiones. Desde su perspectiva, ¿cómo puede el sector de hidrocarburos contribuir de manera efectiva al cumplimiento de las NDC (Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional) y a las metas nacionales de descarbonización?

BB: El sector hidrocarburos ha cumplido de manera muy efectiva las NDCs desde el punto de vista de las medidas de mitigación y la adopción de nuevas tecnologías y de la economía circular, incluso como modelo para generar eficiencia.

Además, este sector ha inyectado recursos en otros para que la transición, por ejemplo, agroalimentaria o turística puedan desarrollarse. Lo que pasa es que, a medida que los hidrocarburos van saliendo del panorama macroeconómico, les va quedando más difícil hacer esas transferencias, bien sea directas o indirectas, vía impuestos, a la sostenibilidad de los demás sectores.

Una perspectiva regenerativa en las industrias o en el sector hidrocarburos podría ayudarnos de manera que, también haya eficiencia en sus inversiones, un trabajo muy coordinado con el gobierno central, los gobiernos regionales y los sectores que reciben o potencialmente podrían recibir recursos de las inversiones voluntarias u obligatorias que realizan las empresas de la industria de los hidrocarburos.

ACP: En términos de política pública, ¿qué ajustes institucionales o de gobernanza considera necesarios para fortalecer la coherencia entre las metas de desarrollo del país y los compromisos de la Agenda 2030?

BB: En términos de política pública, debiéramos enfocarnos en articular mejor la transición energética con los demás sectores. Y ahí tenemos vacíos importantes, por ejemplo, en el sector forestal. Si Colombia es un país forestal capaz de capturar carbono o de construir agricultura regenerativa, también capturando carbono en los suelos, ambas medidas importantísimas para el mundo, pues debería tomar decisiones relevantes en relación con la construcción de bosques, no solo de plantaciones sino de bosques que permitan recuperar las áreas deforestadas en la Amazonía, sobre todo recuperar servicios ecosistémicos, y que además generen empresas alternativas para cuando los hidrocarburos hayan ya dejado de aportar las muy significativas cifras que hasta el momento se han venido dando.

Aparte del sector forestal, también se requiere un fortalecimiento del sistema de ciencia y tecnología porque sin que haya inversiones de gran calado en este tema es muy difícil siquiera adoptar tecnología o adaptarla a las necesidades regionales. Las inversiones que estamos haciendo son extremadamente insuficientes y, además, generan competencia negativa entre los actores, entre las universidades, los centros de investigación y pensamiento, lo cual no es benéfico porque genera mucha frustración.

ACP: En su opinión, ¿cuál es el rol de la industria de los hidrocarburos en el cierre de brechas sociales, territoriales y ambientales, especialmente en regiones históricamente afectadas por la desigualdad y el conflicto?

BB: El sector hidrocarburos y la industria, en general, es fundamental en el cierre de brechas si logra participar más activamente con los demás actores sociales en identificarlas y asociarse con ellos. No se trata de que responda de manera individual o de que se eche al hombro una tarea tan crítica, sino de que logre promover alianzas y mejore la gobernanza en las regiones donde hay retos muy importantes para afrontar en términos de desigualdad y conflicto.

Cuando uno piensa, por ejemplo, en Arauca, sabe que estamos hablando de décadas de dificultades, con momentos más álgidos que otros, pero donde ha habido una gran afluencia de recursos financieros que no necesariamente que se han transformado en bienestar y que no necesariamente provienen de agendas bien estructuradas de inversiones de parte del Gobierno y las entidades públicas.

ACP: ¿Conoce ejemplos o buenas prácticas que destacaría de empresas o territorios donde se esté logrando un equilibrio entre producción responsable, desarrollo regional y protección ambiental? Podría mencionar algunos.

BB: Algunas empresas han hecho un trabajo muy interesante y sobre todo sostenido que es lo que se requiere en desarrollo de emprendimientos como, por ejemplo, el apoyo a las empresas de cacao, su cultivo, su procesamiento, calidad, comercialización, en fin; todo un sector que ha mostrado sus bondades y que puede y tiene el potencial de reemplazar algunas de las rentas petroleras, siempre y cuando se haga a la escala requerida.

También, Ecopetrol, por ejemplo, ha financiado en gran medida el levantamiento de información sobre biodiversidad en gran parte del territorio nacional y también capacidades de gestión de esta con la expectativa de construir bioeconomía. Eso requeriría seguramente más continuidad y sobre todo identificar algunas prioridades más concretas, para que esos recursos en corto tiempo de verdad puedan convertirse en fuente de emprendimiento verde.

ACP: ¿Cómo puede potenciarse la articulación entre el Estado, la academia y las comunidades y el sector privado para avanzar en los ODS?

BB: La articulación con el Estado, academia y comunidades es fundamental porque el sector privado, insisto, no se puede echar al hombro el cumplimiento de las metas de desarrollo ni los vacíos que deja a menudo la ausencia del Estado, y eso nos está pasando cuenta de cobro. En muchas regiones de Colombia, el Estado se ha alejado dejándoles la responsabilidad de trabajo a las empresas, por ejemplo del sector hidrocarburos, lo que genera una dependencia negativa, asistencialismo y relaciones patológicas entre las comunidades y el sector.

Por eso hay que insistir en los temas de gobernanza, de cooperación y que las empresas se comprometan con la producción responsable, el desarrollo regional y la protección ambiental con las comunidades e instituciones locales. Hay muchos acuerdos y arreglos que se han hecho con ONGs, algunas globales, otras locales. Eso seguramente con el tiempo se va a ir viendo reflejado en una mayor capacidad de inversión significativa o inversión con impacto en la región. Eso es lo que preocupa, el impacto, que además hay que medirlo.

ACP: Usted ha hablado en varias ocasiones sobre la importancia del conocimiento y la innovación para la sostenibilidad. ¿Qué papel debería tener la ciencia en la toma de decisiones sobre el uso responsable de los recursos naturales?

BB: Es un llamado a que la innovación en la ciencia siga siendo fundamental en la toma de decisiones; se requiere que esa ciencia sea entendida, aceptada por parte de todos los actores. Hoy la ciencia está en entredicho en muchos casos porque se cree que está afiliada con los intereses, por ejemplo, del sector privado y no con los intereses colectivos o de las comunidades. Ahí tenemos que hacer un trabajo importante de conversación sobre el papel de la ciencia y sobre otras visiones de los territorios, otras maneras de estructurar el conocimiento de forma que saquemos lo mejor de la diversidad.

ACP: Si tuviera que resumir en una idea o mensaje su visión sobre el papel del sector hidrocarburos en la Agenda 2030, ¿cuál sería?

BB: El sector Hidrocarburos será clave en la construcción o en el cumplimiento de la Agenda 2030 en estos cuatro años que nos quedan, en la medida en que pueda enfocarse en dos o tres cosas. No puede tratar de aportarle a todos los objetivos, y en el caso colombiano, creo que lo más importante es aportar la transición hacia la bioeconomía.

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