En un contexto de transición energética y de retos crecientes en competitividad, este sistema enfrenta desafíos importantes: la concentración en la refinación y la falta de robustez de la logística de abastecimiento.
El sistema de transporte y distribución de combustibles líquidos en Colombia constituye uno de los pilares silenciosos pero esenciales del desarrollo económico, la seguridad energética y la integración territorial del país. Su alcance va mucho más allá del suministro de gasolina y diésel, ya que no solo garantiza el abastecimiento de la movilidad terrestre, aérea y fluvial, sino que también representa una fuente relevante de ingresos fiscales y un soporte fundamental para la competitividad de los diferentes sectores productivos, al garantizar la movilidad de personas y mercancías, la operación de sectores industriales y la integración del territorio nacional.
En el escenario actual, caracterizado por la transición energética global, el auge de nuevas tecnologías, la necesidad de descarbonizar la economía y la creciente demanda por eficiencia, el fortalecimiento de la logística de transporte de combustibles deja de ser un asunto operativo para convertirse en una prioridad estratégica de política pública. Asegurar un sistema logístico moderno, resiliente y eficiente es fundamental para garantizar la continuidad del abastecimiento, reducir los costos del suministro, habilitar la competencia y acompañar de manera ordenada la transición hacia combustibles más limpios.
Vulnerabilidades y desafíos estructurales
La logística de transporte de combustibles en Colombia se sustenta en un conjunto de infraestructuras y procesos que conectan la producción nacional (principalmente refinación) y las importaciones con los centros de consumo. Esta red incluye poliductos, terminales de almacenamiento, transporte terrestre por carrotanque, transporte fluvial y marítimo. Su función es garantizar que el producto llegue en las condiciones adecuadas, de manera oportuna y a un costo competitivo a los distribuidores minoristas y a los grandes consumidores industriales.
A pesar de su relevancia estratégica, el sistema logístico colombiano presenta importantes desafíos:
Infraestructura insuficiente y brechas regionales
El país cuenta con una red limitada de poliductos y terminales estratégicos, concentrada principalmente en el centro y norte del territorio nacional. Amplias zonas —en particular las regiones fronterizas y apartadas— dependen casi exclusivamente del transporte terrestre por carrotanque, lo que incrementa los costos, la exposición a riesgos operativos y las probabilidades de desabastecimiento ante contingencias.
Alta dependencia de corredores logísticos concentrados
El flujo de combustibles se canaliza a través de unos pocos corredores de transporte, lo que genera vulnerabilidades sistémicas frente a bloqueos, desastres naturales, incidentes de orden público o fallas operativas. La ausencia de rutas alternativas limita la capacidad de respuesta ante emergencias y reduce la resiliencia del sistema.
Elevados costos de transporte y exposición a factores externos
El transporte terrestre, aunque ha sido fundamental para sostener el abastecimiento, implica altos costos operativos, exposición a fluctuaciones del precio de los combustibles, riesgos de seguridad vial y restricciones ambientales. Estos factores se trasladan al precio final del producto, afectando la competitividad del sector y de la economía en su conjunto.
Modernizar la logística de transporte
Superar las limitaciones identificadas requiere una visión integral de política pública que articule planificación, inversión, regulación y tecnología. El objetivo no es únicamente resolver cuellos de botella operativos, sino construir un sistema logístico robusto, flexible y orientado al futuro, capaz de acompañar la transformación del sector energético colombiano.
A continuación, los principales ejes estratégicos que deben orientar las acciones públicas y privadas en esta materia:
Diversificación y multimodalidad del transporte
La diversificación de los modos de transporte es un requisito indispensable para reducir vulnerabilidades, mejorar la eficiencia y ampliar la cobertura territorial. Esto implica fortalecer la infraestructura existente de poliductos y desarrollar alternativas complementarias como el transporte fluvial, marítimo y férreo, aprovechando las ventajas geográficas y logísticas del país.
El transporte fluvial, por ejemplo, representa una oportunidad significativa para conectar regiones productoras y consumidoras a través de la red de ríos navegables, reduciendo costos y emisiones. De manera similar, el fortalecimiento del transporte marítimo de cabotaje puede ser clave para abastecer zonas costeras e insulares, y el ferroviario puede servir como alternativa de respaldo para el abastecimiento del interior del país, que registra un consumo creciente de combustibles líquidos.
La integración de estas modalidades con la red terrestre y con los centros de almacenamiento permitiría configurar un sistema logístico más resiliente, flexible y competitivo.
Ampliación de la capacidad de almacenamiento estratégico y regional
La expansión de la infraestructura de almacenamiento es esencial para aumentar la seguridad energética y mitigar los impactos de interrupciones logísticas. Contar con terminales estratégicas distribuidas de manera equilibrada en el territorio nacional reduce la dependencia de unos pocos nodos, facilita la atención de la demanda en regiones apartadas y mejora la capacidad de respuesta ante emergencias.
Además, las reservas estratégicas permiten gestionar con mayor flexibilidad la oferta y la demanda, suavizar las fluctuaciones del mercado y facilitar la introducción de nuevos combustibles. En este sentido, la política pública debe incentivar tanto la inversión pública como privada en infraestructura de almacenamiento, bajo esquemas de regulación y remuneración claros y predecibles.
Planeación integral y coordinación público-privada
La modernización logística requiere una planificación estratégica de largo plazo, alineada con los objetivos nacionales de seguridad energética, competitividad y transición energética. Esta planeación debe articular políticas de infraestructura, transporte, energía y medio ambiente, y estar respaldada por mecanismos de seguimiento y evaluación robustos.
Asimismo, la coordinación entre el sector público y el privado es fundamental. El desarrollo de infraestructura logística —por su escala, costos y horizontes de inversión— exige modelos de colaboración que permitan movilizar recursos, compartir riesgos y garantizar eficiencia. Instrumentos como las asociaciones público-privadas (APP) pueden desempeñar un papel central en este proceso, siempre que estén acompañados de marcos normativos claros y estables.
Logística y transición energética: un vínculo estratégico
El fortalecimiento de la logística de transporte no es solo una necesidad del presente, sino también una condición habilitante para el futuro del sector energético. A medida que Colombia avanza en la diversificación de su matriz de combustibles, incorpora biocombustibles, explora el hidrógeno y se prepara para nuevas tecnologías, la capacidad de adaptación del sistema logístico a diferentes productos, volúmenes y patrones de demanda será un factor decisivo en los próximos años.
Una logística robusta permitirá incorporar de manera ordenada combustibles más limpios, facilitar su distribución masiva, garantizar su calidad y asegurar la competitividad de los nuevos vectores energéticos frente a los tradicionales. Al mismo tiempo, contribuirá a reducir la huella ambiental del sistema al promover modos de transporte menos intensivos en carbono y optimizar el uso de recursos.
Claves para garantizar el abastecimiento
La logística de transporte de combustibles líquidos constituye la columna vertebral del sistema energético colombiano. Su fortalecimiento no solo es clave para garantizar el abastecimiento actual y reducir los costos, sino también para habilitar la transformación estructural que exige la transición energética.
En este sentido, y en coherencia con estos lineamientos, el Proyecto de Resolución CREG 704 008 de 2025 se configura como un paso decisivo en la modernización del sistema logístico de combustibles líquidos en Colombia, al proponer un marco regulatorio integral que busca acompañar y viabilizar cada uno de los objetivos mencionados.
En primer lugar, la propuesta normativa reconoce la necesidad de diversificar los modos de transporte y fomentar la multimodalidad, al establecer reglas que permitan la participación eficiente de diferentes medios —poliductos, transporte fluvial, marítimo y ferroviario— dentro de la cadena logística. Con ello, se promueve un uso más racional de la infraestuctura existente, se incentiva el desarrollo de nuevas rutas y se fortalece la resiliencia del sistema frente a contingencias.
En segundo lugar, el proyecto busca incentivar la ampliación y uso eficiente de la capacidad de almacenamiento estratégico, al introducir mecanismos que estimulan la participación de interesados en la construcción, operación y gestión de estas instalaciones. Esto reduce la dependencia de nodos logísticos concentrados y también facilita la creación de reservas estratégicas que aumenten la seguridad energética y la capacidad de respuesta ante choques de oferta, aspectos cruciales para la estabilidad del mercado.
Finalmente, la iniciativa normativa incorpora instrumentos orientados a fortalecer la planeación integral y la coordinación entre el sector público y el privado, mediante la definición de roles más precisos para los diferentes agentes de la cadena, la creación de condiciones más previsibles para la inversión y la promoción de esquemas colaborativos que impulsen el desarrollo de infraestructura crítica. En este sentido, el proyecto regula y habilita la construcción de un entorno propicio para que la planificación de largo plazo se traduzca en acciones concretas, sostenibles y alineadas con las metas de transición energética y competitividad del país.
El Proyecto de Resolución CREG 704 008 de 2025 representa un instrumento clave de política pública que busca articular planificación, inversión, regulación y tecnología en torno a la modernización logística del sector. Su enfoque integral responde a la necesidad de un sistema logístico proactivo, resiliente y diversificado, capaz de responder a las necesidades del presente y acompañar con éxito los desafíos energéticos del futuro.
Por: William Mercado
Experto Comisionado – CREG



