Mientras el debate público se polariza entre posiciones ideológicas sobre la transición energética, una realidad técnica avanza silenciosamente: sin nuevas exploraciones, Colombia enfrenta un déficit en su abastecimiento de gas natural que podría afectar a millones de hogares. Esta no es una proyección alarmista, es una certeza que exige decisiones informadas y urgentes.
Los hidrocarburos han sido parte fundamental de nuestra vida, a menudo sin que seamos plenamente conscientes de ello. Históricamente el petróleo ha sido un pilar sólido de nuestra economía y es difícil pensar en una actividad que no requiera de este energético para su viabilidad. El gas natural ha sido un agente transformador de la vida de muchas familias campesinas y es prioritario que siga llegando a todos los rincones del territorio. Sin embargo, para que el petróleo y el gas estén disponibles en un punto de distribución deben ocurrir procesos extraordinarios que describo brevemente a continuación.
Las características geográficas de nuestro país hacen de los aspectos logísticos un verdadero reto y, por ello, la industria colombiana se ha caracterizado por su capacidad de adaptación y su excelencia operativa.
La ciencia detrás del hallazgo
Los hidrocarburos se forman a grandes profundidades y pueden quedar acumulados entre los diminutos poros de las rocas, formando yacimientos en lugares muy difíciles de localizar. Como no podemos observarlos directamente, necesitamos tecnologías que permitan detectarlos de manera indirecta para lo cual utilizamos herramientas como la prospección sísmica.
Este método nos brinda imágenes aproximadas del subsuelo que son analizadas por profesionales en geología y geofísica quienes poseen unas altas competencias técnicas. Ellos combinan una gran cantidad de información para recomendar con precisión dónde perforar un pozo y comprobar la existencia de un yacimiento.
Es una responsabilidad enorme, pues una perforación exige años de preparación, el trabajo coordinado de múltiples equipos y una inversión millonaria. Aun así, incluso cuando todo se hace con rigor, siempre existe un nivel de incertidumbre que le introduce riesgo a esta actividad.
Las características geográficas de nuestro país hacen de los aspectos logísticos un verdadero reto y, por ello, la industria colombiana se ha caracterizado por su capacidad de adaptación y su excelencia operativa. La Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) es la entidad que regula el otorgamiento de derechos mediante la suscripción de contratos de exploración y producción que gozan de todas las formalidades legales. Toda persona interesada en saber más acerca de la gestión de los hidrocarburos tiene la posibilidad de solicitar información pública a la ANH a través de diferentes medios.
Construyendo confianza desde el territorio
Por lo general, la exploración se desarrolla en territorios remotos, donde las comunidades tienen poca familiaridad con estas prácticas. Allí es esencial entablar diálogos que ayuden a construir confianza.
Recuerdo, por ejemplo, una campaña sísmica en La Guajira, cerca de un área poblada. La curiosidad llevó a muchos niños a acercarse a los equipos de vibración. La reacción inmediata del personal fue pedirles que se retiraran por seguridad. Sin embargo, optamos por lo contrario: los invitamos a participar en la medición de las vibraciones, les mostramos cómo leer los datos y cómo controlar los niveles de vibración para cumplir con los límites regulatorios.
El efecto fue inmediato. Los niños entendieron el proceso, hicieron preguntas inteligentes, se entusiasmaron, se organizaron espontáneamente para colaborar y, en algunos de ellos brilló la chispa del interés por las geociencias. He visto en numerosas ocasiones cómo un acercamiento de este tipo siembra en jóvenes —muchas veces en niñas que ni siquiera lo imaginaban posible— la idea de convertirse en profesionales de la ciencia. Esta es también una forma de cerrar brechas y construir país desde el territorio.
Cuando la empresa operadora empieza a generar ingresos y aparecen las regalías. Los mecanismos de Obras por Impuestos y Obras por Regalías buscan asegurar que los cuantiosos recursos que el Estado recibe de estas actividades se inviertan adecuadamente y redunden en beneficios para las regiones.
Del descubrimiento a las regalías: un camino complejo
Cuando se confirma la existencia de un yacimiento, comienza un camino igualmente complejo: extraer y transportar los hidrocarburos hasta los centros de distribución y consumo. En esta etapa, ingenieros y geólogos de yacimientos trabajan para producir los hidrocarburos de manera segura, eficiente y cumpliendo siempre con los requerimientos socio-ambientales.
Solo entonces es cuando la empresa operadora empieza a generar ingresos y aparecen las regalías. Los mecanismos de Obras por Impuestos y Obras por Regalías buscan asegurar que los cuantiosos recursos que el Estado recibe de estas actividades se inviertan adecuadamente y redunden en beneficios para las regiones.
Los campos tienen una vida útil limitada y alcanzan la etapa de abandono en la cual dejan de producir y se desmontan siguiendo requerimientos de ley. Para reemplazar la producción de los campos que declinan y se abandonan, es imprescindible seguir explorando para encontrar nuevos yacimientos y continuar el ciclo. Esta es precisamente la encrucijada que enfrenta Colombia hoy.
Regulación estricta y protección ambiental
Toda la cadena de los hidrocarburos está estrictamente regulada. Las operaciones deben cumplir con planes de manejo y licencias ambientales que evalúan los impactos potenciales y establecen medidas de mitigación para preservar el entorno. La normatividad y las prácticas de la industria otorgan especial protección a las aguas superficiales y subterráneas.
De hecho, la exploración y explotación han contribuido a ampliar el conocimiento de la dinámica hídrica, lo cual resulta valioso para la planificación territorial, especialmente en regiones donde conviven otras actividades más intensivas en el uso del agua, como la agricultura a gran escala.
Colombia posee una riqueza poco común: hidrocarburos que pueden apalancar la transición energética, minerales estratégicos, abundantes recursos hídricos, viento, sol y dos océanos. Lo que necesitamos es una visión compartida, una estrategia de Estado que articule todas estas opciones en el tiempo, sin depender de los vaivenes políticos o ideológicos.
El dilema urgente: transición energética sin apagón
Hoy Colombia necesita complementar su matriz energética con otras fuentes alternativas como la eólica, la solar y la geotérmica, pero mientras ello ocurre es fundamental seguir fortaleciendo nuestras fuentes fósiles para no enfrentar dolorosos problemas de desabastecimiento en los próximos años.
Colombia posee una riqueza poco común: hidrocarburos que pueden apalancar la transición energética, minerales estratégicos, abundantes recursos hídricos, viento, sol y dos océanos. Lo que necesitamos es una visión compartida, una estrategia de Estado que articule todas estas opciones en el tiempo, sin depender de los vaivenes políticos o ideológicos.
En el corto y mediano plazo, el gas natural está llamado a ser el recurso clave de esta transición, y cada ciudadano debe ser consciente de esta realidad. Existen opciones concretas para incrementar nuestras reservas de gas natural —el Offshore y los Yacimientos No Convencionales— pero para materializarlas debe existir una conciencia nacional acerca de su urgencia e importancia. Los recientes hallazgos de gas natural e hidrógeno en Putumayo y en las cuencas de Cordillera Oriental y Sinú-San Jacinto representan oportunidades extraordinarias que pueden posicionar a Colombia como líder regional en la transición energética.
El diálogo que construye futuro
Es necesario que todos los ciudadanos elevemos nuestro nivel de comprensión sobre la importancia de estas decisiones. Solo así podremos transitar hacia un futuro energéticamente seguro. Puedo afirmar que la calidad del diálogo entre comunidades, institucionalidad e industria es la que definirá el alcance de los acuerdos que debemos construir para avanzar de manera sólida.
Se requieren conversaciones transparentes, bien informadas y orientadas al largo plazo. Es hora de superar los pactos transaccionales y pensar en el país que queremos construir, para concentrarnos juntos en hacerlo realidad.



