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“Antes de hablar de transición, debemos asegurar energía suficiente, confiable y asequible”

En un momento decisivo para la seguridad energética de Colombia y la región, Felipe Bayón, uno de los líderes más influyentes del sector en América Latina, expresidente de Ecopetrol y hoy CEO de GeoPark, reflexiona sobre el papel de los hidrocarburos en un mundo que transita hacia la descarbonización, los desafíos de la transición energética en en el país y la importancia de promover un desarrollo territorial justo y sostenible.

ACP: En un contexto global marcado por la volatilidad, la incertidumbre geopolítica y la necesidad de descarbonizar las economías, ¿cómo define hoy el concepto de seguridad energética y qué papel juegan los países productores de hidrocarburos?

Felipe Bayón: La seguridad energética no es un concepto estático. Tiene que ver con asegurar que las personas y las economías tengan acceso a energía confiable, asequible y cada vez más limpia. En ese sentido, los países productores de hidrocarburos seguimos teniendo un papel central. No solo porque aún aportamos la mayor parte de la energía que el mundo necesita, sino porque somos parte de la solución.

El enemigo no es la fuente de energía, son las emisiones. El verdadero desafío está en producir mejor, con menores impactos y con una visión de largo plazo. La transición no se trata de abandonar unas fuentes para adoptar otras, sino de construir un sistema energético integrado, diversificado y resiliente.

La seguridad energética, en últimas, se sostiene cuando logramos ese equilibrio: energía para el desarrollo, con responsabilidad ambiental y sentido de futuro. Y para eso, la transición debe ser ordenada.

ACP: Desde su experiencia liderando empresas del sector, ¿cómo visualiza el rol de América Latina, considerando su potencial energético, en un mundo que transita hacia la descarbonización, pero que aún depende de los hidrocarburos para su desarrollo?

FB: América Latina tiene que hacer de su potencial energético una ventaja competitiva para cerrar brechas y crear oportunidades. No es un tema de retórica: los números hablan por sí solos.

2025 un récord histórico de más de 560 mil barriles diarios de petróleo, consolidándose como uno de los principales yacimientos no convencionales del mundo.

Son cifras que reflejan la magnitud del potencial regional, pero también la capacidad técnica, operativa y de gestión que hemos construido en América Latina. Y eso no se limita a los hidrocarburos: la región concentra cerca del 55,57% de las reservas mundiales de litio, tiene enormes recursos solares y eólicos, y una de las matrices eléctricas más limpias del planeta, con más del 60 % proveniente de fuentes renovables.

Todo esto configura una oportunidad única. Si somos capaces de integrar ese portafolio —convencionales, renovables y minerales—, América Latina puede ser un actor decisivo en la transición energética global. El reto no es renunciar a lo que tenemos, sino usarlo mejor: producir con menores emisiones, con tecnología, con transparencia y con un propósito claro de desarrollo.

ACP: Aunque la transición energética está en el debate público, en el país no parece haber muchos avances. Desde su perspectiva, ¿cuál considera que es el mayor reto para que este proceso se dé de forma ordenada, técnica y justa?

FB: El mayor reto es pasar del discurso a la ejecución. La transición energética no se decreta, se construye con planeación, inversión y coherencia, y debe hacerse de manera ordenada.

Cada país debe recorrer su propio camino. En Colombia, tenemos una matriz limpia, pero vulnerable al clima, y un rezago importante en el desarrollo de nuevas fuentes. En solar estamos incorporando apenas el 10 o 15% de lo proyectado, y los proyectos eólicos siguen enfrentando demoras.

Por eso, antes de hablar de transición, debemos asegurar energía suficiente, confiable y asequible. El gas natural es clave para lograrlo: es firme, complementa las renovables y da estabilidad al sistema.

La transición debe ser justa. El acceso a la energía es una de las formas más poderosas de cerrar las brechas que tenemos. No puede dejar atrás regiones ni empleos, ni poner en riesgo la seguridad energética. El enemigo no es la fuente de energía, son las emisiones. Y sobre eso debemos actuar con rigor técnico, evidencia y una visión de largo plazo.

ACP: ¿Cómo puede el país construir un proceso de adición energética responsable, una estrategia energética que combine sostenibilidad (social, ambiental y económica), seguridad y competitividad, evitando decisiones de corto plazo que comprometan su presente y su futuro?

FB: Yo creo que lo primero es tener una estrategia energética de largo plazo, no decisiones de coyuntura. La energía no puede cambiar de rumbo cada cuatro años.

Tenemos que equilibrar tres cosas: sostenibilidad, seguridad y competitividad. Y dentro de eso, la soberanía energética es clave. No tiene sentido importar lo que podemos producir responsablemente en Colombia. Si desarrollamos bien nuestros recursos, con técnica y cuidado ambiental, eso nos da recursos, estabilidad, empleo y confianza.

La transición no se trata de ir más rápido, sino de hacerlo bien. De asegurar energía suficiente hoy, mientras construimos el futuro con una visión clara y coherente. La transición no es un destino, es un camino que estamos recorriendo.

ACP: El sector privado ha tenido un papel determinante en mantener la inversión, la producción y la confianza en el país, incluso en coyunturas difíciles. ¿Qué mensaje le da a las empresas que siguen apostándole a Colombia y cuál al país sobre la importancia de mantener dichas inversiones?

FB: Esta es una industria que siempre ha vivido en ciclos. Los precios suben, bajan… y vuelven a subir. Eso no lo controlamos. Lo que sí controlamos es cómo hacemos las cosas: con eficiencia, con responsabilidad, con seguridad y con un profundo compromiso con Colombia.

El sector privado ha sido fundamental para mantener la inversión, la producción y la confianza, incluso en los momentos más difíciles. Y eso demuestra una enorme resiliencia.

Mi mensaje es simple: sigamos creyendo en Colombia. Sigamos invirtiendo, trabajando con rigor y construyendo confianza todos los días. Porque la energía es fundamental para el crecimiento de la economía del país y cuando se produce bien, se convierte en progreso y en oportunidades para la Nación y sus regiones.

ACP: Actualmente, tanto en el Congreso como en el Gobierno cursan unas iniciativas que buscan excluir las actividades de exploración y producción de hidrocarburos en la Amazonía, a propósito de ello, ¿cómo ve el debate entre conservación y desarrollo, y qué papel juega la industria para proteger los ecosistemas estratégicos al tiempo que se garantiza la seguridad energética?

FB: Este es un tema que hay que abordar con rigurosidad técnica y criterio. La Amazonía es un ecosistema que debemos proteger, pero también tenemos que garantizar la seguridad energética del país. No se trata de escoger entre conservación o desarrollo, sino de tomar decisiones informadas, con ciencia, trazabilidad y buena planeación. Solo así podemos cuidar el territorio y asegurar la energía que Colombia necesita.

Desde el sector privado tenemos que estar dispuestos a apoyar y a colaborar con las autoridades, a cuidar a nuestros trabajadores y a seguir apostándole al país. La seguridad no se impone, se construye. Y se construye con presencia, con diálogo y con resultados.

ACP: La seguridad en los territorios es un gran desafío para el país y para la industria. ¿Qué considera necesario para avanzar hacia un entorno más seguro, que proteja a las comunidades, los trabajadores, la infraestructura energética, y que brinde confianza a la inversión?

FB: Es claro que ha habido un deterioro en la seguridad en algunas zonas del país. Eso se siente en el día a día y preocupa, porque afecta a la gente y a la actividad económica. Lo importante ahora es volver a generar confianza, estar presentes en los territorios y trabajar de manera coordinada.

Desde el sector privado tenemos que estar dispuestos a apoyar y a colaborar con las autoridades, a cuidar a nuestros trabajadores y a seguir apostándole al país. La seguridad no se impone, se construye. Y se construye con presencia, con diálogo y con resultados.

ACP: La conflictividad social se ha convertido en un reto estructural para la industria. ¿Qué lecciones le ha dejado su experiencia sobre cómo construir relaciones de confianza y cooperación con las comunidades y autoridades locales para transformar la conflictividad en oportunidades de desarrollo compartido?

FB: Me ha tocado verlo muchas veces: cuando uno está en el territorio, las cosas cambian. Las tensiones bajan, la conversación se abre y aparecen soluciones. La conflictividad social no se maneja desde una oficina, se trabaja con presencia, escucha y coherencia. Las comunidades no esperan discursos, esperan hechos.

He aprendido que la confianza no se delega. Hay que estar, cumplir y respetar. Cuando las comunidades sienten que los proyectos les dejan valor, la dinámica cambia: se pasa del conflicto a la cooperación. Y cuando eso ocurre, el desarrollo deja de ser un concepto y se vuelve algo tangible, compartido, real.

ACP: Ahora que GeoPark ha asumido activos en Vaca Muerta, ¿cómo evalúa el rol del fracking y los yacimientos no convencionales en la seguridad energética de América Latina y qué aprendizajes podrían servir a Colombia para una discusión técnica y menos ideológica alrededor del tema?

FB: Me llamó la atención que el último barómetro petrolero mostró un aumento en el apoyo al desarrollo de yacimientos no convencionales en Colombia. Y me parece una buena señal, porque estamos empezando a hablar del tema con más técnica y menos ideología.

En Argentina lo vi de cerca. Cuando trabajé allá, alrededor del año 2005, el país tuvo que suspender exportaciones de gas; hoy, gracias a Vaca Muerta, tiene superávit energético. La producción se cuadruplicó desde 2019 y puede volver a triplicarse en los próximos seis años, con cerca de 55 mil millones de dólares ya invertidos y una infraestructura probada. Neuquén, que hace unos años dependía del presupuesto nacional, es hoy una de las provincias más prósperas de la Argentina, con empleo, regalías e inversión sostenida.

En GeoPark ya tenemos un equipo con experiencia en no convencionales que ahora está operando en la ventana de petróleo negro de Vaca Muerta, y va a capitalizar este conocimiento y experiencia para aportar a la conversación sobre el potencial que tenemos en Colombia. Es una posición única desde la que vamos a traer ciencia y profundidad técnica para beneficio del país.

ACP: A la luz de la coyuntura actual, ¿qué implicaciones tendría para la seguridad energética y fiscal del país renunciar a explorar los recursos no convencionales?

FB: La verdad yo soy optimista. Cada vez hay más personas, sectores y líderes que ven con buenos ojos el desarrollo responsable de los no convencionales como una alternativa real para revertir el déficit de gas que tenemos.

Si decidiéramos no explorarlos, el país perdería mucho. No solo los ingresos fiscales y la inversión, sino la posibilidad de producir aquí lo que terminaríamos importando a un costo mucho mayor. Y lo cierto es que los millones de familias que cocinan con gas o los miles de colombianos que usan su moto para trabajar van a seguir necesitando esa energía todos los días.

Por eso, más que hablar de lo que podríamos perder, prefiero pensar en lo que podemos ganar. Confío en que no dejemos enterrado un recurso que puede cambiar nuestro futuro energético en el corto plazo, si lo hacemos con técnica, con responsabilidad y con visión de país.

ACP: ¿Cuáles han sido sus aprendizajes más valiosos sobre la gestión de una empresa del sector hidrocarburos, tanto estatal, si recordamos su paso por Ecopetrol, como privada en un entorno de transformación energética, diversificación, innovación y eficiencia?

FB: He tenido la suerte de ver esta industria desde distintos lugares y además de un inmenso agradecimiento con los colegas y los equipos, eso deja muchas lecciones. En Ecopetrol aprendí el valor de lo público, de trabajar por un país. En el sector privado, he visto la importancia de la agilidad, la eficiencia y la innovación. Cuando uno logra unir esas dos visiones —propósito y ejecución—, las organizaciones se vuelven más sólidas.

Pero si algo he aprendido, es que todo se sostiene en la cultura. En cómo se hacen las cosas cuando nadie está mirando. En la confianza, en el respeto, en la seguridad, en cuidar a la gente y hacer lo correcto, siempre. Al final, la cultura es lo que diferencia a una empresa buena de una empresa que deja huella.

Cada vez hay más personas, sectores y líderes que ven con buenos ojos el desarrollo responsable de los no convencionales como una alternativa real para revertir el déficit de gas que tenemos.

ACP: En el marco de los 60 años de la ACP, ¿qué mensaje da al sector y al país sobre el papel que debe jugar la industria en el futuro de Colombia y qué mensaje deja a las generaciones venideras que liderarán la energía del futuro?

FB: El papel de esta industria sigue siendo fundamental. Colombia necesita energía para crecer, y nosotros tenemos la capacidad y el compromiso para producirla bien. Con responsabilidad, con técnica y con un profundo respeto por el país y por las comunidades.

A las nuevas generaciones les diría que este sector no es del pasado, es del futuro. Que la energía cambia, pero el propósito sigue siendo el mismo: servir, transformar y dejar las cosas mejor de como las encontramos. Si hacemos eso, con ética y con orgullo, esta industria seguirá siendo una fuerza que mueve a Colombia.

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