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‘En vilo’ y ‘cautela’

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Reuniones que no se concretan bien parecen ser blanco del bombardeo de la ‘sutil’ estrategia de presión de la administración del presidente estadounidense Donald Trump, que al tiempo que las agenda, decreta incluir en una lista negra comercial más compañías chinas. Para quien se haga ilusiones, añade luego que es “improbable” un rápido acuerdo.

Esas son las expresiones que quizá mejor describen, de momento, la situación de la economía mundial y de los inversionistas por cuenta de las complejas negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China.
En esa dinámica, que para algunos analistas es escalofriante, las miradas se dirigen automáticamente al impacto sobre los precios del petróleo, que con la crisis por los recientes ataques contra las instalaciones de Arabia Saudí tuvieron un repunte, pero que con las regulares noticias sobre la guerra comercial entre los dos gigantes volvieron a una baja inquietante.

Las protestas en Irak y la crisis política en Ecuador -precisamente por el intento del presidente Lenín Moreno de suprimir los subsidios a los hidrocarburos-, entre otras, paliaron en algo la descolgada, lo que no levantó el ánimo del sector.

En el caso ecuatoriano, que abandonará la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) el año entrante, las protestas redujeron el bombeo en 59.450 barriles por día, según cifras del Ministerio de Energía de ese país.

“Es imposible predecir el resultado de las conversaciones (China-EE. UU.). Todo parece posible: desde un acuerdo parcial hasta otra tregua o incluso un quiebre total de las negociaciones. El espectro de reacciones potenciales de los precios es correspondientemente grande”, explicó Carsten Fritsch, analista de Commerzbank.

Otro factor de política internacional que podría impactar el precio del crudo al alza es la ofensiva turca contra los objetivos kurdos en Siria, esa muy comentada “traición” de Trump que podría darle una dinámica diferente a la guerra civil de esta nación, y que sin duda golpeará la producción del Kurdistán y, de paso, provocará una crisis de refugiados en la región. Una más.
La reacción natural de los mercados a las malas noticias en torno a la guerra comercial entre Pekín y Washington ha sido la del descenso de los precios por el temor a una preocupante desaceleración económica global y hasta una recesión en EE. UU., que podrían afectar la menguante demanda de hidrocarburos.

En ese sentido, día a día se constata que los cada vez mayores signos de debilidad económica mundial afectan el consumo de energía. Así lo explicó la Agencia Internacional de Energía (AIE), que ya en agosto redujo sus estimaciones de crecimiento de la demanda mundial de petróleo para el 2019 y el 2020 a 1,1 millones y 1,3 millones de barriles por día, respectivamente, es decir el crecimiento más lento de la demanda desde la crisis financiera de 2008.

A lo anterior se suma que el crecimiento económico chino ha caído a su nivel más bajo casi en tres décadas. Se ralentizó a un 6,2 por ciento en el segundo trimestre, por la guerra comercial.

El referencial del crudo Brent ronda los 60 dólares por barril, mientras que el WTI se cotiza en torno a los 56 dólares, afectado por las preocupaciones sobre la desaceleración.

Más allá de ese dato, de por sí revelador, el elemento saudí sigue siendo determinante. La estatal Aramco logró restablecer su capacidad de producción de 11,3 millones de barriles por día, una recuperación más veloz de lo esperado tras los ataques.

¿Y Colombia qué?

Los antecedentes indican que un descenso de los precios del crudo provoca casi automáticamente un ascenso de la cotización del dólar, una cifra que al bordear los 3.500 pesos ha despertado especiales sensibilidades porque se han venido rompiendo techos históricos que podrían tener impactos en la canasta familiar y en la inflación.

En otro sentido, los empresarios nacionales se ilusionan con el hecho de que si los aranceles restringen la entrada de productos chinos al mercado estadounidense, nuestro país podría aprovechar la coyuntura. En un informe publicado por El Tiempo se cita a María Claudia Lacouture, presidenta de la Cámara de Comercio Colombo Americana, quien asegura que “se han identificado en los nuevos aranceles a China al menos 740 productos que Colombia exporta a EE. UU. y que podrían aumentar sus ventas a ese mercado”.

La otra cara de la moneda la muestra Javier Díaz, presidente de Analdex, el gremio exportador, quien advirtió que “muchos de los productos chinos que no pueden entrar a Estados Unidos ahora querrán traerlos a nuestro país a precios excesivamente bajos”.

En lo que coinciden analistas y empresarios es que los efectos de esa guerra comercial serán indirectos, pero apuntan a las debilidades del sector de hidrocarburos en Colombia, por ejemplo, ya que se sigue privilegiando producción sobre exploración, en un contexto en el que técnicas como el fracking avanzan no exentas de dificultades.
Otro elemento es que el ambiente de incertidumbre y desconfianza global hace que los inversionistas busquen poner sus recursos en activos más seguros, comparativamente frente a Colombia.

Por eso, Lacouture cree que “ninguna guerra comercial es buena para nadie. Todos seríamos perdedores. Habría mayor riesgo de un descenso en las economías. En consecuencia, no es un tema de oportunidades per se”.

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