Edición No. 21

Revista ACP

Expertos analizan el nuevo panorama para el sector petrolero

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Los hidrocarburos continuarán siendo en las próximas décadas la principal fuente de energía del mundo, pero el cambio en los patrones de consumo genera grandes desafíos.

En menor consumo de combustibles fósiles por cuenta de las acciones de adaptación al cambio climático, un aumento de nuevos desarrollos tecnológicos como los automotores eléctricos y un escenario de precios relativamente bajos, son tres ingredientes esenciales que deberá enfrentar la industria petrolera en las próximas décadas.

Justamente, sobre el futuro de los hidrocarburos en un mundo cambiante, se ocupó la segunda sesión del III Congreso ACP. Allí confluyeron la visión sectorial con perspectiva global de Atul Arya, el vicepresidente de IHS Markit, una de las consultoras globales más influyentes en materia de energía, y la concepción
macroeconómica local de José Antonio Ocampo, codirector del Banco de la República de Colombia.

Arya planteó en su análisis de tendencias que entre los años 2015 y 2040 se espera que la demanda de electricidad global aumente 2,4 por ciento en su tasa de crecimiento compuesto anual. De ser así, la demanda tendría un alza 3,4 veces mayor que el mismo indicador medido para el petróleo, que se proyecta en alrededor de 0,7 por ciento  anual. Entre tanto, el gas tendrá un incremento promedio de consumo de 1,5 por ciento por año y habrá un decrecimiento de 0,8 por ciento en carbón.

Tales proyecciones son coherentes con la transición energética que ya se aprecia en diversas industrias, en un esfuerzo por disminuir el consumo de energía en sus procesos y migrar de manera paulatina a combustibles con menores emisiones de gases de efecto invernadero. Esto se suma al auge y las eficiencias recientes de la industria de los vehículos eléctricos. Se trata de revoluciones tecnológicas que están en línea con los compromisos suscritos por 175 países a finales de 2015 en el llamado Acuerdo de París (COP21) para reducir la temperatura global.

“Muchos esperan hoy que suban los precios del petróleo, pero resulta mejor planear un escenario y definir estrategias con precios en torno a los 50 dólares”.
Atul Arya, Vicepresidente de IHS Markit, #CongresoACP

“Vemos un descenso en la intensidad del uso del petróleo como fuente energética, que se acentuará en los próximos años. Entre 2010 y 2020 bajará 1,4 por ciento, para la década siguiente lo hará en 1,9 por ciento y de 2030 a 2040 descenderá 1,8 por ciento”, expuso Arya. Este pronóstico contrasta con los datos presentados por el expresidente de México Felipe Calderón, quien sostuvo que si se mantienen las tendencias actuales de consumo de crudo (escenario inercial), se verá un crecimiento de 6,3 por ciento entre los años 2020 y 2040, esto apoyado en datos de la Agencia Internacional de Energía.

Independientemente de las tendencias, lo que es claro para ambos expertos es que la canasta energética mundial seguirá siendo dominada por fuentes fósiles en el período analizado. El petróleo participó el año pasado con 32 por ciento y para 2040 mantendrá el liderazgo, aunque se espera que baje a 28 por ciento; a la vez, el gas aumentará de 22 a 25 por ciento y el carbón descenderá de 26 a 23 por ciento. Por su parte, las fuentes renovables (solar, eólica y geotérmica) y las de otro tipo (biomasa y biocombustibles) pasarán de atender el 13 al 16 por ciento de la demanda, de acuerdo con las cuentas de IHS Markit.

“El crecimiento de la demanda de energía al 2030 está dado por los países en desarrollo, particularmente de Asia (China e India); mientras tanto, en Europa y Norteamérica vemos una reducción en su participación, y en Latinoamérica encontramos estabilidad”, subrayó Arya.

Precios y nuevas condiciones

Así las cosas, el ejecutivo fue cauto y señaló que las petroleras deben planear sus estrategias en un escenario de largo plazo con precios en torno a los 50 dólares y bajo esquemas de reducción de costos que se traduzcan en mayor rentabilidad. En todo caso, Arya aprecia un comportamiento de las grandes empresas del sector dirigido a inversiones en proyectos con retorno en menor tiempo, frente a lo que ocurría años atrás.

A juicio del directivo, esa mejor perspectiva de inversiones se encuadra en una carrera contrarreloj en la que se compite con barriles cada vez menos costosos, en particular los de yacimientos no convencionales (YNC) como los de Estados Unidos. Esto, para llegar primero a atender los espacios que abre una demanda cada vez más restringida.

El codirector del Emisor tiene una visión basada en análisis histórico de ciclos de los commodities. Al revisar el comportamiento de la cotización internacional del barril de petróleo en el último siglo, identificó estadísticamente unos “superciclos” de 30 años que se componen de: una década de alza en los precios y otras dos, siguientes, con comportamiento bajista.

“Lo vimos desde 1973 hasta 1984, seguido de 20 años malos hasta 2003. Luego, de 2003 a 2014, vimos un ciclo de años buenos y ahora estamos al inicio de una fase de bajos precios. Si algunas tendencias de la revolución tecnológica se confirman, esos menores precios se acentuarán, aún más, hacia delante”, explicó Ocampo.

El economista coincide con Arya en prever que habrá más acciones de ajuste por parte de los países que firmaron el Acuerdo de París, para combatir el incremento reciente de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera, ante la dificultad de cumplir con la meta de evitar que aumente dos grados centígrados la temperatura del planeta para final de este siglo.

Ocampo aprecia una creciente incidencia de varias revoluciones tecnológicas en los mercados petroleros. En primer lugar está el incremento en ventas de vehículos eléctricos, a lo que apuntan los planes estratégicos de las principales industrias automotrices y las decisiones gubernamentales de países desarrollados.

Sobre estos últimos, por ejemplo, Francia y Reino Unido contemplan prohibir la venta de automóviles a diésel o gasolina en 2040, mientras que Noruega lo hará antes (en 2025) y China apuesta a que ese mismo año el 20 por ciento de los vehículos que rueden en su país sea movido por electricidad o sea híbrido.

En tales escenarios, también hay oportunidades para el gas natural, como combustible primario de buena parte de la generación termoeléctrica. Esto toma relevancia si se tiene en cuenta que “el sector del transporte representa el 45 por ciento de la demanda global de crudo”, como apuntó Ocampo.

Otro aspecto que juega en el horizonte de los hidrocarburos, según el director, es la reducción promedio de los costos en fuentes alternativas de generación energética: la fotovoltaica (solar) es 90 por ciento más barata que hace diez años, al ser medida por megavatio-hora; los parques eólicos (de viento) suman, en igual periodo, una reducción de 28 por ciento en el mismo indicador, y a ello se añade una contracción de más de 50 por ciento en lo que vale fabricar baterías de larga duración asociadas a estas fuentes renovables.

“El sector petrolero debe participar en el cambio tecnológico, ya sea invirtiendo en nuevas energías, diversificando su negocio o invirtiendo en tecnologías para capturar el carbono generado por emisiones de combustibles fósiles. En esto último Colombia está atrasada y debe seguir el ejemplo chileno, pues no basta lo alcanzado en biocombustibles”, concluyó el codirector del Emisor.

Otra perspectiva: los no convencionales

Mientras que Arya proyecta una transición más lenta que Ocampo a fuentes renovables de energía, ambos expertos también divergen en sus posiciones frente a las posibilidades de Colombia de explorar y explotar sus YNC con uso de tecnologías como la fracturación hidráulica (fracking). El país tiene un potencial de más de 5 billones de barriles equivalentes recuperables, la mayoría líquidos, según la consultora Arthur D. Little.

El vicepresidente de IHS Markit planteó que se requiere de un marco regulatorio adecuado, que no sufra variaciones en el largo plazo, para asegurar la inversión requerida, tal como lo han hecho Estados Unidos y Canadá. “Los gobiernos compiten por menos dólares de inversión a medida que caen los presupuestos corporativos. Varios países están mejorando los términos para intentar atraer inversiones. Al tiempo, otros están haciendo cambios que en realidad hacen que los términos sean menos atractivos”, explicó Arya.

Con el antecedente de haber vivido varios años en Nueva York, un Estado que prohibió el fracking, el codirector Ocampo señaló posibles riesgos sobre el aumento de la actividad sísmica y la disponibilidad de aguas subterráneas: “Será esencial para dar este debate que el Ministerio de Ambiente adelante los respectivos estudios sobre la materia. No será un debate sencillo, por ahora estoy en la orilla negativa”, puntualizó el funcionario.

Mientras que avanza esa discusión, hay consenso sobre el protagonismo de los hidrocarburos en la demanda de energía en el mediano plazo, así como acerca de la necesidad de desarrollar más la tecnología de captura de emisiones de carbono para mantener la producción global.

Así las cosas, el sector petrolero colombiano tiene un horizonte con riesgos y oportunidades. Será definitivo hacer más esfuerzos para aumentar la exploración y la producción, asegurando la autosuficiencia energética del país. Al tiempo, el camino para saber adaptarse de forma adecuada a los cambios en la demanda global de hidrocarburos se debe preparar, y dependerá mucho de cómo respondan China e India a los cambios tecnológicos.

Crudo y crecimiento económico

En la medida que la revolución tecnológica en materia energética y hacia fuentes de generación renovables se da, tal ajuste de largo plazo plantea retos significativos para el crecimiento de países productores de petróleo como Colombia.

En ese sentido José Antonio Ocampo planteó que resulta esencial para la estabilidad macroeconómica mantener la producción de crudo arriba de los 800.000 barriles diarios. Esto, teniendo en cuenta la relevancia del sector en materia de exportaciones totales, que a su juicio es de muy baja diversificación, así como la disponibilidad de divisas por la incidencia en la tasa de cambio frente al dólar.

A su turno, Atul Arya precisó que han sido pocos los casos exitosos de países que han sabido aprovechar su riqueza en yacimientos de petróleo para impulsar encadenamientos productivos asociados a actividades afines, como la petroquímica o el desarrollo de otros sectores de servicios y tecnología. En ese sentido, planteó los ejemplos de Noruega y Malasia como referentes útiles para el desarrollo futuro del sector en Colombia.

6,3% será el crecimiento promedio anual del consumo de crudo entre 2020 y 2040, según datos de la Agencia Internacional de Energía.
2,4% aumentará en un promedio anual la demanda de electricidad global entre 2015 y 2040, según estima el IHS Markit.

 


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