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Carta del Presidente

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En momentos de crisis, medidas extraordinarias

La crisis no es solo del sector sino del país. No entenderlo sería miope, dado el impacto de la misma en las finanzas públicas, en el crecimiento económico, en el desarrollo regional, y en la autosuficiencia en materia de hidrocarburos en el mediano y largo plazo. De ahí la receptividad del Ministerio de Minas y Energía y por su conducto la de otras entidades del gobierno, a la propuesta de la ACP de trabajar de manera conjunta una serie de medidas que contribuyan a atenuar el golpe para que el sector logre sortear la coyuntura y no pierda el dinamismo necesario.

La caída en los precios internacionales le abre un hueco importante a las finanzas públicas en el 2015, y de mantenerse un nivel de precios bajo promedio en lo que resta del año será un boquete en el 2016. El Gobierno Nacional, consciente de esa situación, ha anunciado que aplazará inversiones por $6 billones de pesos. Por su parte el Ministro de Hacienda informó que se está estudiando el uso de los recursos que se han venido ahorrando a través del Sistema General de Regalías para compensar parcialmente la caída de los ingresos a las regiones productoras. Dos decisiones acertadas, que responden a la realidad de un sector estratégico.

La crisis también impacta el crecimiento económico. Distintos análisis señalan que la caída en precios se reflejará en un punto menos del PIB. El Banco de la República ha procedido ya a reducir sus proyecciones de crecimiento del 4.0% al 3.6% para el 2015. Pero el impacto va más allá, dado que el crecimiento de otros sectores depende al menos parcialmente del minero-energético. Es el caso de la construcción, dado que las obras civiles, en especial en las regiones, se financian con regalías, y algunos proyectos bandera del Gobierno, con la caja que genera la industria petrolera.

El impacto negativo en el desarrollo regional empieza a ser comprendido por el país. Además de la disminución en las regalías se ha iniciado una reducción en la contratación en bienes y servicios. Infortunado, pues las empresas contratistas son la mano derecha de las operadoras, y son las que concentran el grueso de la contratación laboral. Pero en momentos de crisis es inevitable apretarse el cinturón. En el 2013, la industria contrató en bienes y servicios 35 billones de pesos; ello pone de relieve lo crítico de la situación, y la necesidad de tomar medidas de fondo.

En la actual coyuntura es entendible la importancia que las empresas otorgan a la producción, no solo por necesidades de “caja” sino para tratar de compensar en algo la caída en precios. Pero debemos ver más allá y entender que las crisis pasan y que no tendremos de donde producir en los años por venir si descuidamos ahora la exploración. La caida previsible en la producción de crudo a partir de 2016 es resultado en parte de no haber incorporado nuevas reservas en el volumen necesario; de ahí el campanazo de alerta.

Siendo ese el panorama no se puede acudir a paños de agua tibia. Por eso se le presentó al Gobierno por conducto del Ministerio de Minas y Energía, un Plan de Impulso al Sector Petrolero, que el Ministerio y las ANH han enriquecido. Se han realizado más de dieciseis reuniones de trabajo, para identificar, priorizar, afinar y sustentar, una serie de medidas que en opinión de las empresas deben implementarse sin dilación. Se trata de un trabajo liderado por la Vicepresidencia de Asuntos Económicos de la ACP, de la mano de los comités económico y tributario del gremio.

Al momento de escribir estas líneas se espera que algunas de las medidas estén no solo adoptadas por el Gobierno Nacional, sino, en proceso de implementación, en especial las relacionadas con la Agencia Nacional de Hidrocarburos. Así mismo, se espera estén definidas las de carácter fiscal, llamadas a incentivar la exploración y producción y que requieren ser incorporadas en el Plan de Nacional de Desarrollo. Menos margen de maniobra queda ya en relación con la propuesta de reducción de anticipos tributarios que pese a su lógica, aún no cuenta con luz verde del Gobierno.

No es este el espacio para discutir en detalle las medidas. Lo importante es que el Gobierno y el país entiendan la necesidad y urgencia de las mismas. En época de crisis, medidas extraordinarias. Medidas audaces, visionarias. No se trata sólo de atenuar la actual situación sino de evitar que la industria pierda impulso, que de seguir las cosas como van, es lo previsible. El desafío común, del Gobierno y la industria es no solo sortear estos momentos difíciles sino salir de ellos fortalecidos, para hacerle frente a la competencia que se avecina en la región, apocada temporalmente por la caída en los precios.

Ese es el desafío. El Ministro de Minas y Energía ha dicho que la industria le ha dado la mano al país y que es hora de que el país le dé una mano a la industria. Le asiste razón. Gran parte del desarrollo económico y social de Colombia en la última década se debe a la industria; los avances en la reducción de la pobreza, en vivienda e infraestructura, para mencionar tres sectores, han sido factibles gracias a los aportes fiscales de la industria, esa es la realidad. Lo que está en riesgo entonces es contar o no a fututo con una industria capaz de impulsar el desarrollo del país.

Por eso hemos insistido desde la ACP y lo seguiremos haciendo, que el mejor negocio para el país es que a esta industria le vaya bien, y el peor negocio, que a esta industria le vaya mal. No solo por lo que significaría perder la autosuficiencia en petróleo en siete años y de gas en dos, sino y como se indicó al inicio, por el impacto en las finanzas públicas, en el crecimiento económico, y en el desarrollo regional, sin contar el impacto sobre la carga tributaria para todos los colombianos; cada peso que esta industria deja de aportarle al país se traduce en impuestos adicionales. Lo estamos viendo.

La importancia de contar con un sector privado fuerte, y de una industria de hidrocarburos pujante es fundamental, más en un momento como el actual, con una agenda de inversión nacional ambiciosa, de interés creciente de las regiones más rezagadas por recortar la brecha, de fortalecer aún mas la clase media, de hacer de nuestras ciudades urbes competitivas y con calidad de vida, de pisar duro a nivel internacional, y de dar vuelta a lo que queda de violencia y crimen causado por las guerrillas. Desafíos que reclaman recursos y apuestas sostenidas en inversión pública y privada.

Colombia es un país extraordinario en medio de sus complejidades y no pocos desafíos. Eso lo saben las empresas de hidrocarburos, comprometidas de lleno con el país. Empresas cuya aspiración es seguir en Colombia, invertir en el país, contribuir a su desarrollo. Ese interés, sin embargo, requiere de unas condiciones básicas en competitivad y reglas del juego, y para operar. La crisis del sector es una oportunidad para las empresas y para el país. Ojalá así se entienda. No está en juego sólo una industria, están en juego también, los sueños colectivos de un todo un país.

 

Francisco José Lloreda Mera

Presidente Ejecutivo de la ACP


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