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El camino alNet Zero, un desafío global

La industria energética juega un papel relevante para impulsar la descarbonización en todos los sectores, apostar por la innovación tecnológica y diseñar una transición justa para todos. Esta es una tarea en la que las personas y sus acciones vuelven a ser fundamentales.

Jesús Chillón, Country Manager de Repsol en Colombia

En el 2015, el mundo reconoció, por primera vez, de manera colectiva, la necesidad de combatir el cambio climático con la adopción del Acuerdo de París. Este hito histórico reunió a naciones de todo el mundo para limitar el calentamiento global por debajo de 2 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales, junto con la aspiración de limitar el aumento a 1,5°C. Dicho Acuerdo, conlleva el compromiso de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, mejorar la resiliencia a los impactos climáticos y movilizar recursos financieros para la acción climática. Una vez establecido el objetivo, el gran reto que tenemos por delante como sociedad global es realizar un cambio fundamental en la matriz energética fomentando el desarrollo de todas las soluciones que puedan contribuir a la descarbonización, sin dejar atrás ningún energético.

Esto es lo que se conoce como ‘la transición energética’, que abarca una amplia gama de estrategias, como el desarrollo de energías renovables, la electrificación de sectores como el transporte, una mayor eficiencia energética y el desarrollo de tecnologías innovadoras. Para lograr tal descarbonización tenemos que avanzar en una serie de factores clave: la innovación, marcos políticos adecuados, la neutralidad tecnológica, la inversión sustancial en generación renovable, la electrificación de diversos sectores y una transición energética que incluya principios de eficiencia, sostenibilidad y justicia.

Hoy, existen en el mundo numerosos proyectos e iniciativas que se han puesto como meta lograr emisiones netas cero para el 2050. Esto incluye parques eólicos y solares a gran escala, la incorporación de infraestructura para vehículos eléctricos, planes de captura y almacenamiento de carbono, inversiones en agricultura sostenible, así como la implementación de proyectos de eficiencia energética en los recursos existentes. Si bien se han logrado avances significativos en esta línea, nuestro progreso hacia las emisiones cero es desigual e insuficiente. Muchas naciones se han fijado objetivos ambiciosos y el sector de la energía renovable está creciendo a un ritmo notable. Sin embargo, las emisiones siguen aumentando en muchas áreas, por lo que debemos redoblar nuestros esfuerzos para alcanzar dichas metas.

En este sentido, la guerra de Ucrania trajo como consecuencia, aparte de mucho dolor y sufrimiento, una profunda crisis energética. Las sanciones a Rusia y los cortes del suministro de gas procedente de este país pusieron en duda la capacidad de Europa para abastecerse de hidrocarburos, lo que disparó los precios de la energía, los metales y las materias primas agrícolas. Las consecuencias no se hicieron esperar y a lo largo del 2022 se produjo un fuerte aumento de la inflación y una ralentización de la actividad económica. Por ello, es importante aprender que, si bien la reducción de emisiones es necesaria, la seguridad energética de los países es fundamental para el desarrollo económico.

El éxito del desafío global de la transición energética dependerá del compromiso y la inversión continua de gobiernos, empresas e individuos. Es fundamental, para que dicha transición dé sus frutos, que adoptemos un enfoque integral y multifacético. No hay problema que no podamos resolver juntos, y muy pocos que podamos solucionar por nosotros mismos. Esto implica una fuerte cooperación internacional, claras políticas de apoyo, inversiones sustanciales en tecnología de energías limpias y una participación activa del sector privado. También se deben abordar las disparidades sociales y económicas que puedan surgir durante la transición, garantizando que nadie se quede atrás. Esto último es lo que se conoce como ‘transición energética justa’.

Una transición justa es esencial para garantizar que las cargas y los beneficios de dicha transformación se distribuyan equitativamente en la sociedad. Por tanto, es importante que trabajemos de manera colectiva para crear un marco en el que dicho cambio pueda tener lugar. Para ello, debemos priorizar la equidad social, proteger a las comunidades vulnerables, brindar capacitación y oportunidades de empleo para las personas que dependen de los combustibles fósiles y garantizar un acceso asequible a la energía limpia. Solo mediante un inmenso esfuerzo de colaboración, que incluya a gobiernos, industrias y sociedad civil, ese marco podrá desarrollarse e implementarse con éxito.

l éxito del desafío global de la transición energética dependerá del compromiso y de la inversión continua de gobiernos, empresas e individuos. Es fundamental, para que dicha transición dé sus frutos, que adoptemos un enfoque integral y multifacético.

Desde Repsol, llevamos mucho tiempo trabajando en descarbonizar la energía que suministramos, sin que ello signifique hacerla menos asequible o fiable. Fuimos la primera compañía de petróleo y gas en apoyar el Protocolo de Kioto en el 2003 y la primera energética en comprometerse con la sociedad y grupos de interés en ser cero emisiones netas para el 2050 (incluyendo las emisiones de Alcance 3, es decir, aquellas derivadas del uso que se hace de nuestros productos). Nuestro compromiso es firme para contribuir con dos retos de carácter global: proporcionar acceso universal a una energía sostenible, asequible y de forma segura, a la vez que lo hacemos compatible con la mitigación del cambio climático.

Este compromiso nos está llevando por un camino transformador, lleno de desafíos, pero muy apasionante. Si en el 2018 éramos una petrolera clásica, orientada a maximizar la producción y crecer el portafolio, cinco años después, nos hemos transformado en una compañía multienergética que produce energía limpia en España, Chile, Italia y Estados Unidos, y que está en camino de ampliar su capacidad de generación renovable a 20 GW en el 2030. Nuestro negocio de exploración y producción se ha transformado completamente, centrándose en la eficiencia operativa, en proyectos de ciclo corto y retornos atractivos, en la optimización del portafolio (de 34 países hemos pasado a 14) y en la generación de la caja requerida para acometer dicha transformación verde.

Una transición justa es esencial para garantizar que las cargas y los beneficios de dicha transfor-mación se distribuyan equitativa-
mente en la sociedad.

Nuestras refinerías se están convirtiendo en hubs multienergéticos centrados en la eficiencia, la producción de ecocombustibles y combustibles sintéticos (y hay que señalar que, por cada punto porcentual de ecocombustibles que incorporamos a nuestros carburantes, se evitan 800.000 toneladas de CO2 en el transporte) y la producción de hidrógeno verde (en camino hacia una capacidad instalada de 1,9 GWeq para el 2030). Finalmente, nuestras estaciones de servicio se están transformado en puntos multisuministro de combustibles de bajas emisiones y electricidad (ampliando la red con más de 1.500 puntos de recarga instalados), así como en centros de economía circular donde se recoge aceite usado de cocina para procesarlo y transformarlo en combustibles de bajas emisiones.

Para concluir, el camino hacia las cero emisiones netas es un viaje complejo en un contexto histórico mundial muy desafiante. La lección que hemos aprendido desde Repsol es que es necesario emprenderlo cuanto antes, así como esperamos que la transformación verde en que nos hallamos inmersos pueda inspirar a otros. La industria energética juega un papel relevante para impulsar la descarbonización en todos los sectores, apostar por la innovación tecnológica y diseñar una transición justa para todos. Una tarea en la que, como siempre, las personas y sus acciones vuelven a ser fundamentales.

Juntos, podemos construir un futuro sostenible y próspero para las generaciones venideras.

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